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El espacio de los objetos. Por Fede Rodríguez.

El espacio de los objetos


«La Mesa Blanca es enorme, posiblemente la más grande del mundo, al menos del mundo y de las mesas que conozco. De sólida construcción, con un tablero de más de siete centímetros de grosor, la mesa domina la sala más amplia de la casa familiar….

…Tal es su dimensión que se sientan alrededor doce ayudantes de mi padre…
…La gran mesa tenía dos niveles. En el centro del tablero se esparcían los instrumentos de precisión: una regla de acero de hasta tres metros, un compás, un escalímetro, y otras cosas por el estilo.

…Aquél era el centro del trabajo; pero, como ya he dicho, la mesa tenía dos niveles.
Yo fui el habitante del nivel inferior desde que comencé a gatear a cuatro patas.
Parecía una espaciosa plaza, dominada tan sólo por mí. Después alcancé la madurez suficiente para mudarme al nivel superior, al mismo tablero de la Mesa Blanca.

…La Mesa Blanca de mi niñez era grande; ha continuado creciendo y sobre ella he realizado el trabajo de mi vida.»

ALVAR AALTO, Det Vita bordet (la Mesa Blanca), artículo publicado en el libro de Palabra y por escrito, El Croquis editorial, Madrid, 2000

 

“La mesa blanca” es un breve texto que escribió Alvar Aalto en el año 1970, cuya lectura recomendaría a cualquier diseñador. En él, Aalto narra desde la memoria, una experiencia espacial de la niñez donde los universos de lo real, lo imaginario y lo posible se funden alrededor del espacio que genera la mesa de trabajo de su padre.

Propongo que continuemos hablando sobre la MESA y el espacio de trabajo.

La mesa, el escritorio, es uno de los objetos esenciales y arquetípicos asociados al espacio de trabajo. No parece por tanto necesario explicar para qué sirve y cómo funciona una mesa… ¿o quizás sí?

Resulta obvio que existe en las mesas un nivel de lo conocido como menciona Aalto, el nivel de la superficie, horizontal y lisa donde se “esparcen” las herramientas, los documentos, los teclados. Pero por otro lado, Aalto nos invita a preguntarnos ¿podría existir otro nivel donde situar lo desconocido, lo imaginario, lo deseable o lo posible?

Si hablamos del espacio de trabajo, hoy en día, inmersos en la Sociedad del conocimiento, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones han provocado que las barreras del espacio de trabajo y del tiempo de trabajo sean cada vez más difusas. Los avances tecnológicos ayudados por los cambios en la cultura organizativa de las empresas, permiten trabajar de múltiples modos, en múltiples configuraciones, en espacios temporales discontinuos, y de manera intermitente. Algunos estudios recientes indican que el trabajador pasa al menos el 40% de su jornada laboral fuera de su puesto de trabajo asignado. Podríamos pensar entonces que existen suficientes argumentos para hacer desaparecer el tradicional escritorio, la mesa de trabajo personal.

Además, la libertad de horarios, la capacidad de deslocalizar el espacio de trabajo gracias a las tecnologías…¿podrían provocar el aislamiento del trabajador, y una individualización extrema? La respuesta evidentemente es NO.

La Sociedad del Conocimiento basa su capital en la creatividad, la innovación y el talento; todas ellas cualidades humanas. El principal motor de la creatividad y la innovación mencionadas no es otro que el intercambio y la interacción entre las personas. Por ello, hoy más que nunca se hace imprescindible intercambiar experiencias, conocimientos y favorecer un amplio rango de situaciones espaciales diversas que favorezcan el encuentro y la serendipia. Por suerte, el espacio sigue siendo imprescindible.

Todas estas cuestiones se ponen de relieve en el brillante proyecto para la sede de la empresa de publicidad The Barbarian Group en Nueva York del año 2014, diseño del estudio Clive Wilkinson Architects a través de una estrategia en apariencia muy sencilla: situar una mesa en el centro del espacio.

No puedo asegurar que el texto de Alvar Aalto sea conocido por el arquitecto sudafricano y especialista en diseño de entornos de trabajo Clive Wilkinson (1954), aunque parecería razonable pensar que sí al observar este proyecto.

Pero la referencia al texto de Aalto resulta interesante, no tanto por una relación literal como podría parecer a primera vista, sino porque al igual que en “La Mesa Blanca” de Aalto, Wilkinson propone una metáfora de la creatividad y del pensamiento disruptivo en sí mismo invitando a ocupar y vivir también el espacio bajo la mesa e incluso cambiando el significado mismo de la mesa.

Wilkinson plantea la ocupación de un espacio diáfano de oficinas de unos 400 metros cuadrados mediante una enorme mesa “sin fin” (endless table) de unos 330 metros lineales de desarrollo. Para el equipo de diseño la mesa actúa como un catalizador de las relaciones entre los 125 trabajadores de la agencia de publicidad.  Con un planteamiento próximo al concepto del “hot desking”, la mesa genera una enorme superficie de trabajo donde no existe un solo puesto previamente asignado, sino que el trabajador elige cada día la ubicación que mejor se adapte a sus necesidades en cada momento. Para ello no tienen más que buscar su espacio, enchufar el portátil y acomodarse en una silla.

La superficie de la mesa se pliega a lo largo del espacio creando numerosas secuencias espaciales a modo de “grutas” o abrigos donde se puede trabajar, leer, conversar, llevar a cabo una reunión, almacenar o simplemente estar. En palabras de Wilkinson, la mesa actúa como un cable de red que mantiene conectados a los trabajadores mediante una oferta espacial flexible y adaptable a todas las necesidades que pueden aparecer en la jornada laboral.

La mesa plantea así, otra referencia interesante desde la óptica de los entornos de trabajo, y ésta es la manifestación como paisaje de naturaleza urbana, donde no existen espacios pre-definidos y pre-asignados, sino que los diferentes espacios funcionan como plazas y espacios públicos urbanos que favorecen las relaciones humanas y el intercambio a la vez que  acentúa la desjerarquización organizativa propia de los modelos empresariales más actuales.

El desarrollo material de la mesa se llevó a cabo mediante la parametrización de la forma definitiva, y su construcción se llevó a cabo en madera contrachapada descomponiendo esta forma final en un catálogo de 870 secciones diferentes mediante software de control numérico que posteriormente fueron ensambladas y lacadas in situ.

 

 

 

 

 

 

 

Esta estrategia de situar un objeto como articulador del espacio ya había sido investigada anteriormente por este mismo equipo en la propuesta para la agencia de publicidad Mother en Londres en el año 2004. En este caso su utiliza igualmente la mesa como objeto arquetípico asociado a la cohesión del equipo de trabajo. En este caso el espacio del local es ocupado por una gran mesa de hormigón armado que da la bienvenida al espacio de trabajo a modo de plataforma que incluso en algunas zonas se puede recorrer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En ambos ejemplos el diseño del objeto trasciende el mero valor estético y plantea un juego complejo de escalas, espacio, significados y usos. El diseño de mobiliario se funde con el diseño del espacio interior acabando por materializarse no sólo como expresión física sino como reflejo de la cultura organizativa y la identidad corporativa de la empresa.

Como menciona Clara Eslava en su libro “Territorios de la infancia”, estas mesas blancas “no contienen ninguna receta; nada obliga al hombre a hacer esto o aquello”.  Son al fin y al cabo unas “circunstancias únicas y extrañas”

Nota: las ilustraciones son propiedad de Clive Wilkinson Architects, y  han sido tomadas de la página web http://www.clivewilkinson.com/

 

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